domingo, 19 de marzo de 2017

Lo penal como acicate / Ramón Cotarelo *

La noticia es apabullante: Pedro Antonio Sánchez, imputado por corrupción, reelegido como líder del PP de Murcia y por el 96% de los votos válidos en su congreso. Es realmente extraordinario. Pocas veces superado, supongo. El hombre es un misterio. "Hay muchas cosas terribles en el mundo", dice Sófocles, "pero la más terrible es el hombre", ese hombre que, según Protágoras, es la medida de todas las cosas. Una medida terrible, un misterio. Por eso el reto eterno que viene de Delfos, "conócete a ti mismo." El hombre no puede conocerse a sí mismo porque, cada vez que lo intenta, ya no es él mismo. 

Si tal sucede con el hombre como individuo, ¿qué pasa con él en grupo, que es un agregado de "cosas terribles"? Las decisiones colectivas son objeto de desvelos y afanes de varias ciencias sociales que solo pueden llegar a la conclusión de que esas decisiones son imprevisibles e inexplicables. Nadie daba un chavo por Donald Trump al comienzo de la carrera presidencial. Nadie creía que el Brexit iba a salir. La eficacia de las decisiones colectivas se mide por su número, no por su racionalidad. Entre otras cosas porque el número lo entiende todo el mundo, pero lo de la racionalidad es más difícil.

El 96% de apoyo es una  mayoría abrumadora, búlgara, suele decirse, de cuando Bulgaria era tan comunista que ponía en común hasta el voto. Pero ¿es racional? Casi 900 personas han dado su confianza a otra imputada en un proceso penal por los supuestos delitos de malversación y prevaricación. De ser racional esta decisión (entendiendo por racional el propio interés de cada cual) hay que entender que los votos implican algún tipo de complicidad. Dado que son votos de un partido que, a su vez, está imputado en otro proceso penal, la decisión parece, en efecto, muy congruente y racional. 

Lo interesante sería saber qué porcentaje de voto popular obtendría Sánchez en unas elecciones autonómicas. Ejemplos pasados de Valencia dan una pista. Si saliera reelegido sí que la decisión colectiva tendría dífícil demostrar su racionalidad. Porque obligaría a indagar en factores primitivos, colectivos como lo son las decisiones de los rebaños. Y a eso hay que negarse. 


Zarabanda socialista

Las encuestas y sondeos apuntan sistemáticamente hacia abajo en las expectativas electorales del PSOE. El partido está conmocionado; las bases, insurrectas; los "cuadros", azogados; los ex-mandamases, emberrenchinados; la junta gestora, empecinada. El PSOE "en horas bajas", se quejan las plañideras de acompañamiento en los medios.

Y, sin embargo, unas primarias que aún no lo son suscitan casi tanta expectación como unas elecciones generales. Lo de la centralidad política parece ser condición innata. 

El clima en el que se libran estas primarias es denso de palabra y obra. Resulta sorprendente oír los almibarados tonos de la precandidata Díaz, llamando a todos "compañeros", palabra mágica, a escasa distancia ya de "hermanos", para conseguir la unidad del PSOE. Es la misma que hace cinco meses pedía expresamente la cabeza de Sánchez. 

El resto del discurso caudillista de Díaz no tiene mayor interés. Es una sucesión de lugares comunes sobre lo grande que fue, es y será el PSOE, sobre todo bajo su dirección, lo muy orgullosa que está de todo lo que suene a socialista. No es seguro que el masivo apoyo mediático y de gabinetes de persuasión sea capaz de dar algo de cuerpo y mejorar un discurso vacío y elemental por muy  "compañeros" que sean los oyentes. Hace falta ser mucho compañero para tragarse sin pestañear lo del niño que tendrá las mismas oportunidades nazca en donde nazca y que tanto se parece a la niña de Rajoy. 

Sánchez marca paso por la izquierda. Va soltando doctrina poco a poco. En Granada habló de laicismo. Una propuesta concreta, práctica que el PSOE estará obligado a explicar a los millones de católicos del país a los que la derecha está movilizando a cuenta de la petición de Podemos de suprimir la misa televisada de los domingos y, supongo, fiestas de guardar. Sin duda muchos católicos estarán dispuestos a admitir que la confesión y culto son asuntos estrictamente privados y deben retirarse de la vida pública institucional y oficial. 
Nadie dice que deban quitarse los miles de nombres de calles de vírgenes, santos, obispos, etc (como debieran quitarse todas las placas franquistas) pero sí que los católicos no nos obliguen a los demás a sufragar de nuestro bolsillo cultos, ritos, ceremonias en las que no participamos. Excuso decir negocios. Eso es laicismo. E incorpora la muy razonable petición de Podemos de suprimir la transmisión de misas en el servicio público de radiotelevisión. Otra cosa será las emisoras y cadenas privadas. 

Queda mucho más territorio por cubrir. Además del laicismo hay que hablar de Cataluña y de la República y de la reforma de la Constitución. ¿Por qué no? Hablar nunca es peligroso. Lo peligroso es no hacerlo. Estas primarias son como un adelanto de las generales en sede socialista y los candidatos deben hacerlas con propuestas y programas de gobierno. No con emplastes de consumo puramente interno.

La izquierda está por hacerse.


(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED