domingo, 19 de marzo de 2017

Funambulismo sin red / Ángel Montiel *

Si les atrae el vértigo, no busquen en youtube los vídeos de Philippe Petit pasando de una a otra de las hoy desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York a través de un fino alambre tensado desde ambas cúpulas. Mejor se detienen en las crónicas sobre el congreso regional del PP celebrado ayer. Un prodigio de equilibrios múltiples montado en el aire con extraordinaria sangre fría a pesar de que la sangre debiera estar y está muy caliente.

Cuando la estabilidad del PP en el poder parece quedar expuesta al vuelo de una mosca, el partido se permite hacer piruetas acrobáticas con las que aspira, y lo consigue, a dejar boquiabiertos a propios y a extraños. Ohhh... El gran espectáculo de ayer tenía que atender, no sólo a la sociedad murciana, dado que el PP es el partido que gobierna, sino también al propio interior de la organización, ya que ésta es la que se tenía por protagonista.

Sobre el escenario planeaba un nutrido comando de drones alados con armamento judicial aparentemente mortífero, pero su zummm era apagado por las estruendosas salvas de aplausos a los oradores, todos ellos completamente ajenos a la teoría sobre el efecto de las alas de mariposa.

La rutinaria exhibición de poderío no cedió ante el peligro exterior, absolutamente ignorado, a pesar de la duplicidad de frentes. Uno, el que constituye la oposición política, que aunque varada por sus incompatibilidades internas, sus reservas y sus consideraciones tácticas respectivas sobre la oportunidad de un ataque frontal al Gobierno, nadie podría jurar que de la noche a la mañana no encuentre pretexto o fórmula para ingeniar una rápida operación derribo si entierra todas las prevenciones sobre las consecuencias de futuro.

Y dos, todavía más grave, si la Justicia detectara comportamientos impropios en el escaneo escrupuloso que ha de hacer sobre la gestión municipal en Puerto Lumbreras del ya líder regional del PP, las luces del congreso popular se apagarían de un solo golpe. Plofff. Todo esto estaba ayer inevitablemente en el subtexto de los discursos, la música, los ademanes y los abrazos. Pero la cosa transcurrió como si nada.

Sin ´por si...´ Ni siquiera en el mismo resultado del congreso se percibe que el partido haya tomado la precaución de procurarse una red a cuenta de un ´por si...´. El ´por si...´ no cuenta. De tal manera que la crónica de este congreso aparentemente convencional, pero sobre el que no se puede evitar el reojo a la situación excepcional, podría escribirse como otro cualquiera de los que el PP acumula a la búlgara.

Es más. El diseño del primer equipo orgánico de PAS no contiene el más mínimo signo de inquietud; por el contrario, parece un escuadrón pensado para acometer la remontada electoral en 2019 sobre el suave bache cavado en 2015. Lo primero que se observa es que no hay número dos de reserva preparado para incidencias fatales.

Bien pensado, de haber otorgado la secretaría general a una diputada como Patricia Fernández todo el mundo habría percibido una señal de debilidad, de cautela o de previsión. Pero apartar a Fernández de la dirección también habría significado un indicio de recelo, alimentado por el hecho de que Valcárcel ha estado inflando el ego de la de Archena para ponerla en función de sucesora. Patricia se queda donde estaba, en la vicesecretaría de Comunicación, aunque hasta ahora haya comunicado poco, y menos todavía en favor de PAS, en cuya defensa no se le ha escuchado una palabra, bien raro en una secretaria de Comunicación del partido dirigido en la práctica por PAS.

Mejor dentro que afuera, pero en su justo lugar, y si no se arranca a ´comunicar´, ya comunicará Víctor Martínez, nuevo portavoz (del partido y del Grupo Parlamentario, a la soviética) por ella.

Maruja. La bomba es el nombre de la secretaria general, Maruja Pelegrín. PAS lo tenía claro desde hace semanas, pero sólo dejó que su entorno filtrara que la número dos sería una mujer. Tal vez a sabiendas de que el juego de adivinaciones no daría con la protagonista, pues ni ella misma lo sabía.

En efecto, a primera vista parece raro que PAS se respalde con quien durante años fue a su vez la número dos de Miguel Ángel Cámara en el ayuntamiento de Murcia. Un municipio, Murcia, en el que PAS, incluso cuando ejercía funciones de secretario de Organización, tenía prohibido entrar por orden de Cámara.

¿Qué quiere el nuevo presidente del PP de Pelegrín? Parece claro: que le abra las puertas de Murcia. La pregunta inmediata es si esto está en manos de la nueva secretaria general. Su potencia es obvia, a pesar de su escasa exposición mediática, algo habitual en quienes trabajan para adentro.

Cosas que caracterizan a Pelegrín: ha sido leal a Cámara, pero nunca ha participado en los supuestos chanchullos de éste, es decir, saca habitualmente dinero de los cajeros automáticos; es capitana de pedáneos, pero ajena a sus cumbres y conspiraciones machirulas; es de Beniaján, lo que para PAS tiene especial importancia, ya que habla como la gente normal, es decir, es un agente político impagable; dispone de un mapa perfecto de las pedanías de Murcia y conoce a la perfección al partido en ese ecosistema electoral principalísimo; en la política municipal ha trabajado con mayores y en servicios sociales, lo que la ha dotado de una imagen popular y populista.

Y lo curioso es que a pesar de su efectividad política para el PP al margen de los focos, nunca fue demasiado considerada por sus jefes, pues hasta la llegada de PAS a la secretaría general del PP no tuvo un cargo en la dirección regional.

«Es una mujer normal, trabajadora, con tiempo para dedicarse intensamente al partido, y con una actitud colaborativa que ha impresionado al presidente en el tiempo en que han coincidido en la dirección», se dice para justificar esta elección.

Un apunte curioso es que esa disponibilidad de tiempo que se aduce se debe a que las responsabilidades que le ha endosado el alcalde de Murcia, José Ballesta, son de tono menor para las que tuvo, ya que le fue impuesta en su lista por el núcleo camarista; de hecho, hay quien observó un respingo en el alcalde, que presidía el congreso, cuando escuchó que Pelegrín sería la dos de PAS. «Confío plenamente en ella», ha dicho PAS a quienes le han mostrado abiertamente sorpresa por esta elección.

El huevo de PAS. Y, por si acaso, ahí está Fernando López Miras, para hacer en Murcia el papel de Maíllo, con quien curiosamente comparte patronímico. El lorquino López Miras es un huevo del nido PAS, un producto a su imagen y semejanza, aunque hay quienes aprecian que está todavía algo verde. Pero quien lo advierte recibe esta respuesta de PAS: «El día a día de la política espabila a cualquiera. A torear se aprende toreando». Quien habló, lo sabe. Hasta ahora, empleado en la delicada tarea de Organización, López Miras ha debido bandearse con políticos veteranos irreductibles, que veían en él a un voluntarioso enviado de PAS a quien se le podía echar un pulso. Sin éxito, porque su fuerza venía de arriba.

El flamante presidente del PP le recomendó ayer que cambiara de coche: «Vas a hacer kilómetros por un tubo». Lo que, al parecer, no le ha aconsejado es que cambie de peluquero, pues debe irle bien acudiendo al mismo que Puigdemont.

El tándem Pelegrín/López Miras es un reflejo de Cospedal/Maíllo, aunque aquí con las funciones más especificadas. Y en cualquier caso, ambos conforman el símbolo de la dialéctica ´continuidad-renovación´ que PAS quiere imprimir para mitigar la rebelión de la vieja guardia, todavía molesta, y a veces capitaneada a lo bajini por el propio Valcárcel, por el apartamiento de los Cámara, Bascuñana y otros etcéteras, y ahora también Sánchez Carrillo, el invisible conseguidor que, aunque sin duda seguirá rondando, ya lo hará sin título. Aun así, el incombustible Filardi, una extraña sombra de Valcárcel, guardián de secretos profundos del PP murciano, sigue apareciendo en la amplia junta directiva, señal de que hay mundos inamovibles.

También sobrevive Pedro José Pérez como coordinador parlamentario nacional, un eterno que antes llevaba las maletas a Valcárcel y que, con sus nuevas atribuciones y algún regalo más, PAS ha conseguido atraer para que no pulule por los extrarradios. La presencia en la dirección de la diputada Isabel Borrego, esposa de Vicente Martínez Pujalte, debe ser la cuota de agradecimiento del viejo aparato, o del nuevo, quién sabe, por las visitas extemporáneas del de los cafelitos a la Fiscalía del Estado.

En el alambre. En las vicesecretarías generales, hay algo que no se le podrá negar a PAS, aunque es probable que no se trate de una decisión prediseñada, y es que de las cinco, tres están a cargo de mujeres, en línea con el dato de que en su Gobierno haya seis mujeres y tres hombres. Es probable que no sea aplaudido por esto, pero conviene señalarlo porque es algo inusual.

De entre éstas, destaca la elección de María Robles, secretaria general de Presidencia, y nueva en esta plaza. Esta captación para el partido, dicen los allegados, constituye un guiño al segundo escalón de la Administración, una muestra de que PAS está atento a quien se desempeña bien en el banquillo. El mérito se paga, sería el mensaje.

La concesión de la presidencia de honor a Valcárcel, un político cuya ejecutoria ha ofrecido tantos beneficios para el PP como envenenadas herencias para la Región ha dejado, es un gesto de transaccionalidad. Ya se verá si como jarrón chino, Valcárcel ejerce a lo Aznar, en plan revoltoso y coñazo, o a lo Manuel Fraga Iribarne, o sea, distante y a lo suyo, que para eso va confortablemente aviado.

Por lo demás, cabe observar que el PP, a pesar de su actual encrucijada, sigue convocando a una parte significativa de la sociedad civil murciana, que se retrata en sus cónclaves con toda naturalidad. Esto debe reforzar la fe en el destino natural de este partido, que no concibe que en su camino se interpongan imponderables de superior naturaleza.

Y aunque Rajoy no estuviera en el congreso, PAS escuchó su voz a través del móvil de Maíllo, que se lo enchufó para que el presidente nacional lo felicitara. «Ha sido una conversación muy agradable», dicen que dijo el nuevo presidente del PP al colgar.

PAS sigue prendando a la cúpula, y por ahí no hay drones amenazantes. Su primera indicación a los nuevos ejecutivos populares es que restaurará los maitines de los lunes, para que se vea que hay partido. La vista ya está puesta en 2019, y eso que mañana mismo pueden empezar a pasar cosas raras.

Pero esa posibilidad ni se contempla. La fiesta del PP se celebra en un alambre suspendido en el aire, donde se danza con una desenvoltura y alegría como si el cable estuviera tendido en suelo firme. Pero lo cierto es no hay ni red.



(*) Columnista



http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/03/19/funambulismo-red/814811.html