lunes, 20 de marzo de 2017

El alboroque de Pedro Antonio / Emilio Ivars *

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra alboroque como «regalo o  convite que se hace para recompensar un servicio o por cualquier motivo de alegría», aunque para los murcianos tiene ese sentido que todos conocemos  de convite que se celebra en memoria de una persona después de su entierro en la taberna más cercana, con la intención de que el difunto suba más alto; como dicen por la Huerta: cuanto más alboroque, más alto sube. 

Este fin de semana hemos acudido al alboroque de Pedro Antonio, a ese convite de elevación a lo más alto, celebrando que esta comunidad autónoma cuenta con el presidente que mayor desprestigio político ha causado a cualquier región de España. 

Una celebración para elevar a los altares de la política la falta de ejemplaridad, la ausencia de la palabra dada, el circunloquio del cumplimiento de las leyes o la ausencia de ética pública. Y ahí se ha dado un primer convite de alboroque. La celebración también ha ido acompañada de un agasajo de palmas (de las que se dan con las manos, vamos) ofrecido por un ejército organizado hasta ahora pero que, ante el entierro del difunto, ya están empezando a repartirse las herencias, discutiendo qué es lo que le toca a cada uno de lo poco o mucho que el difunto les ofrezca en su testamento.

Ese testamento, que lo discuten en vida, pasa por ser un culebrón novelesco con intento de parecer normales y transmitiendo tranquilidad mientras que de puertas para adentro no saben cómo salir de una situación que ellos mismos han provocado y que Pedro Antonio Sánchez se niega a resolver con su dimisión. El problema puede ser probablemente el que Pedro Antonio Sánchez sólo es la punta del iceberg, la cara visible de un modelo de corrupción endémica.

Lo visto este fin de semana en el congreso del Partido Popular no es ni de lejos un cierre de filas, es sólo la manera de aparentar una normalidad inexistente. Nadie se quiere mover porque nadie quiere perder su sillón, su sueldo, su único trabajo. Porque el PP es eso para los que salen defendiendo a Pedro Antonio Sánchez, una agencia de empleo para afiliados y buenos chicos que protegen a su amado líder. 

Esos mismos son los que se atreven a insultar a quienes buscamos que la Región de Murcia sea una Comunidad digna, a la altura de sus gentes, de su historia, sus recursos y sus posibilidades. La culpa de que se hable sólo en los medios de la corrupción no es de la prensa, sino de un presidente obsesionado con su sillón y que no recuerda que la Presidencia es de todos los murcianos y murcianas, y no le pertenece. 

Los aplausos y la uniformidad no son propios de una época en la que se necesita debate, reflexión y diversidad en las ideas. Pero que nadie se engañe, esos aplausos, sonrisas y hasta pose en la manera de sujetarse las manos es solamente la hipocresía de quien prefiere mantener cargos a solucionar el bloqueo que ha provocado Pedro Antonio Sánchez.

Ahora es presidente del PP. Es el partido liderado por un imputado por cuatro delitos de corrupción. Su presidente es el presidente también de la Comunidad Autónoma. De momento.


(*) Portavoz del PSRM y diputado regional en la Asamblea



http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/03/20/alboroque-pedro-antonio/814925.html