miércoles, 15 de marzo de 2017

Estibadores y capitalismo clientelar / Fernando G. Urbaneja *

Sobre el capitalismo clientelar ha escrito con mucho tino Carlos Sebastián, también Jaime Terceiro. Forma parte de ese entramado histórico nacional que algún día habrá un gobierno capaz de desmontar con transparencia, competencia leal y punto final a privilegios. La integración europea ayuda a ese proceso con sucesivas directivas liberalizadoras que obligan a los socios y que estos van armonizando a su ritmo, es decir despacio. 

Entre los grupos clientelares cuentan los estibadores españoles que gozan de un estatus especial que va contra la libre contratación y contra el acceso al trabajo de los ciudadanos. Desde Europa han reclamado la normalización de la estiba española desde hace años, incluida una sentencia que impone multas continuadas en caso de incumplimiento. Multas que pagará el Tesoro, es decir todos los españoles. ¡Todo sea por los estibadores!

Para evitar las multas, y cumplir con la legalidad, el Gobierno tiene que proponer una norma que abra el mercado laboral portuario, aprobada por el Parlamento. El Gobierno, a regañadientes, con miedo a tocar privilegios clientelares, ha ganado tiempo, ha retrasado cualquier decisión que moleste a los sindicatos de estibadores hasta agotar todos los plazos.

Al borde de la campana el gobierno envía al Parlamento un decreto para cumplir los compromisos europeos. Y los grupos parlamentarios que no apoyan al gobierno entienden que tumbar el decreto es una buena oportunidad para debilitar al ejecutivo. Que eso signifique costes para todos los españoles es menos relevante que castigar el hígado del gobierno. Sucumbir ante el clientelismo, por las razones que sean, indica debilidad, carencia de convicciones y descreimiento. Los argumentos de los socialistas y de Ciudadanos son propios de oportunistas con pocos escrúpulos y menos principios. 

Al margen de que sindicatos y patronal se pongan de acuerdo para mantener lo posible del modelo clientelar con más o menos disfraces, el marco legal de los puertos se fija mediante ley aprobada por el Parlamento. Luego las partes interesadas pueden negociar y establecer las condiciones de trabajo que estimen oportunas dentro de ese marco legal.

El ministro competente, el de Fomento, dice que garantiza el empleo de los estibadores. ¿Que tienen estos señores que no tengamos los demás? Por equivalencia, ¿podrían los periodistas pedir que el gobierno garantice su empleo en estos tiempos tan difíciles…y los camareros o los conductores de camiones? Para esa garantía de empleo el ministro se propone disponer de unos cientos de millones de euros para la reestructuración de la estiba. Tendrá que explicar por qué a estas gentes sí, y a otras no.

El gobierno teme el poder de los estibadores, que a la huelga encubierta que viene sosteniendo suceda una huelga de verdad que paralice la economía. El dilema es el habitual ¿Una vez rojos o cientos colorados? De momento el gobierno quiere comprar la paz, pero necesita apoyo político de grupos que lo que quieren es castigar al gobierno. Pagan los españoles, cautivos del capitalismo clientelar.


(*) Periodista y politólogo