sábado, 18 de marzo de 2017

Las arbitrariedades de la gestora / Ramón Cotarelo *

Esto de los dineros es cosa importante para los miembros de la junta gestora que saben muy bien el valor que tienen. Javier Fernández consiguió el voto del PP para los presupuestos del Principado, el mismo PP al que permitió gobernar forzando la abstención del PSOE tras un golpe de mano. No estoy diciendo que la abstención fuera la causa de la aprobación de los presupuestos. Ya Hume nos puso en guardia frente a las causalidades frívolas. Habría que establecer alguna relación y seguro que no la hay.

En efecto, hay que seguir la pista del dinero, que suele ser muy ilustrativa. De ahí que la gestora quiera controlar las cuentas de todos los candidatos. Para evitar suspicacias, sospechas, equívocos. Hay un runrún preguntando en las redes quién está pagando por los actos de la caudilla. Quién por el alquiler del pabellón del Ifema, que es una pasta; quién por el acto de los alcaldes hace unas fechas en Madrid, otra pasta, todos actos de exaltación personal de Díaz. Sin duda es buena idea disipar sospechas abriendo seis cuentas, dos por cada candidato, de gastos e ingresos, para mayor transparencia y cumplimiento de la ley.
Pero son cuentas de candidatos, no de "precandidatos" que lo son todavía porque la junta gestora no se ha dignado fijar fecha para las primarias. Eso si la caudilla no aprovecha su acto del día 26 para anunciar la fecha de las primarias. Al fin y al cabo, todo lo decide ella. Es extraño que sus seguidores no se percaten del mal efecto que esto genera en la militancia de su baqueteado partido. A la derecha el tuit del campo de Díaz ya con el número de cuenta, la necesidad de identificación (algo que se presta a las más negras sospechas), una redacción lamentable, junto al avisado anuncio de ahorrarse unos euros con la donación. Los dineros son los dineros.

La arbitrariedad de la junta gestora es ya legendaria. Se niega a admitir el voto telemático, que pide la precandidatura de Sánchez porque, dice,  no cabe reformar el reglamento de primarias en pleno proceso de primarias. Sin embargo, es obvio que no estamos en proceso de primarias porque no hay candidatos oficialmente proclamados. Lo cual no es óbice para que aquel órgano tome medidas ridículas por lo extemporáneas, tratando de candidatos de facto a quienes se niega a reconocer como candidatos de iure y pretendiendo que cumplan una legalidad que se ha inventado.

La identificación de la junta gestora con la aventura caudillista de Susana Díaz no está haciendo un favor a ninguna de las dos partes. 
Magnífica noticia, aunque redundante. ETA ya había anunciado hace años el fin definitivo de sus actividades. Pero, al no desarmarse por entero y sin condiciones, justificaba la intransigencia de las autoridades. Por fin parece haberse dado cuenta y realiza el acto simbólico que debiera cerrar del todo este siniestro capítulo de la historia de España y el País Vasco.

Podía haberse dado cuenta antes y de algo mucho peor: ETA no ha servido para nada salvo para causar muerte y sufrimiento, deteriorar la fibra moral de la sociedad vasca y obstaculizar el logro de los fines nacionalistas/independentistas que decía defender. Y, lo que es peor, no solo en su casa sino también en casa del vecino. Mientras duró la violencia, el discurso del Estado español fue "en tanto no callen las armas, no cabe hablar de nada. Cuando callen se podrá hablar de todo."

Era mentira, pero la actividad terrorista de ETA impedía que se revelara como tal. Silenciadas las armas en el proceso habido en Cataluña, una tierra en la que el independentismo es y ha sido siempre pacífico (exceptuado el breve episodio de Terra Lliure) la mentira se ha revelado mentira. No era cierto que sin violencia se pudiera hablar de todo. Hablar, claro, en un sentido performativo, práctico, no meramente especulativo. No se puede hablar de autodeterminación, ni de derecho a decidir, ni de independencia, ni de referéndum, ni de muchas otras cosas.

España supo enfrentarse a la violencia porque lo hizo con violencia, en cuyo uso es ducha. Pero no sabe enfrentarse a la reivindicación pacífica, porque el diálogo y la negociación no están en su bagaje.
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED