lunes, 13 de marzo de 2017

Clientelismo caciquil / Adrián Ángel Viudes *

Nos situamos a comienzos del siglo XX; eran tiempos convulsos. Los partidos políticos organizaban, con inusitada frecuencia, mítines multitudinarios y apasionados.

Granada: el Partido liberal -conservador ha convocado a un gran mitin. El orador principal Natalio Rivas, abogado, natural de Albuñol, ministro de Instrucción Pública, está en plena actuación; su verbo apasionado cautiva a los asistentes, y en esto, de entre el publico, surge una voz fuerte e imperativa: “Natalico colócanos a toos”. Aquel que interpelaba, albuñolense, paisano del diputado, sabía muy bien que el clientelismo era moneda corriente entre los partidos; un cliente un voto, por lo menos.

Recién, en Murcia, nos hemos desayunado con la noticia, apoyada convenientemente por la imagen de rostros satisfechos de nuestros mandamases, que el investigado PAS se presenta al congreso del PP regional avalado por la firma de cinco mil murcianos. La pregunta surge maliciosa y bordesica ¿Cuántos de estos firmantes fueron en su día obsequiados por el poder con una “merecida” colocación? Que menos, ahora, que corresponder a ese “detalle” con una firma que a poco o nada compromete. Si además en el horizonte se barrunta tormenta que, al derribar el tronco protector, el de la pata que no de la mano, puede dar al traste con el futuro de tanta rama agradecida, pues a firmar que es gerundio

Propongo que algunos de estos palmeros del Presidente en vez de ruborizarnos con frases como: “Las manos que guían el timón de la Región”; “Yo con Pedro Antonio”, y otras sonrojantes cursiladas, pidan al PP murciano que adopte como lema- himno la famosa canción que popularizó Jacques Brel: “NE ME QUITTE PAS”; que bien la entonaba mi gran amigo, y murciano donde los haya, Alberto Sevilla. El estribillo, repetido a coro, debería convertirse en el clamor con que los palmeros saludaran y despidieran al Presidente, y por supuesto la canción tendría que ser la marcha triunfal que arropara la llegada y salida del candidato al próximo Congreso de la aclamación.

Constate querido lector que poco o nada se ha avanzado desde aquel tormentoso tiempo de don Natalio. El clientelismo caciquil sigue imperando. “Do ut des” te doy para que me des, te coloco con cargo a los presupuestos, y tu me das tu absoluta fidelidad, tu apoyo incondicional, me bailas el agua, y, cuando menester fuese, votas lo que yo te diga. 


Y además, si has demostrado con creces la fidelidad exigida, si no has preguntado nunca el porqué, ni siquiera el cuando ni el como; si le has bailado suficientemente bien y con gracia el agua al Jefe, si has guardado el necesario silencio, si has mirado para otro lado cuando a tu alrededor se las están llevando crudas, no te preocupes; pudiera ser que por fas o por nefas tuviéramos que pedirte el puesto, pero el partido sabe agradecer los servicios prestados; las puertas giratorias están convenientemente engrasadas para los cumplidores; y, casi seguro, te sorprenderás cuando compruebes por ti mismo que lo que te tenemos preparado no solamente cubre tus aspiraciones económicas sino que las supera. “Cuerpo de Dios que destino y todo ello a costa ajena”.

Que este procedimiento, que empezó con los gobiernos socialistas, sea moneda corriente entre colegas de partido, no está nada bien, pero que alcance a instituciones necesarias y básicas del Estado, es repugnante, y no se puede ni se debe consentir, porque en ese caso nuestra trabajada y aun no perfeccionada democracia tendría los días contados.

Antes, los que deciden, disimulaban algo pero ya no se esconden; los dos partidos mayoritarios se acaban de repartir los cuatro puestos vacantes en el Tribunal Constitucional: dos para ti y dos para mí. Así, sin más, con luz y taquígrafos.

Y conociendo esos enjuagues, ¿somos tan tontos que creamos que van a renunciar al aforamiento? Qué cómodos se encuentran cuando saben que si delinquen van a ser juzgados por aquellos a los que han encumbrado. Yo no digo, líbreme Dios, que los jueces elegidos por el descarado método del cupo no sean capaces y honrados, pero me van a permitir que precisamente por culpa de ese infame procedimiento de selección, pueda sospechar de su imparcialidad.

¿Hasta cuando esos trujimanes abusaran de nuestra paciencia?



(*) Presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena 1996-2014


(Publicado hoy en el diario La Verdad)