martes, 4 de julio de 2017

Catalunya infrarroja / Enric Juliana *

El Gobierno de España trabaja con la hipótesis de que el independentismo está bajando en Catalunya. En la Moncloa tienen sus encuestas y están convencidos de que la temperatura secesionista disminuye lentamente. La termografía gubernamental dice lo siguiente: el núcleo militante está más recalentado que nunca, pero la difusa periferia del movimiento de opinión soberanista, más pragmática, más utilitarista, menos sentimentalizada, más híbrida, con más apellidos de origen no catalán, se está enfriando. Aunque las redes sociales emitan una fuerte radiación infrarroja, el independentismo está perdiendo amplitud social. 

Este es el diagnóstico de Madrid. Las declaraciones del conseller Jordi Baiget en el periódico Punt Avui, expresando con notable sinceridad su preocupación ante la capacidad coercitiva del Estado –“yo puedo aguantar ir a la cárcel, pero no si van contra mi patrimonio, debo pensar en mi familia...”– provocaron ayer un agujero en la capa térmica del Gobierno catalán. Una vistosa mancha azul-violeta –señal de enfriamiento– en la mesa redonda de la sala Tarradellas del Palau de la Generalitat. 

Las dudas de Baiget, compartidas en privado por otros miembros del Govern y por no pocos altos cargos de la Generalitat, eran peligrosas para la actual fase de inyección del cohete 1-O. Carles Puigdemont, verboso, ardiente y determinado, destituyó anoche a Baiget y dejó de color de rosa a Marta Pascal, coordinadora general del PDECat, que al mediodía daba por hecha la continuidad del conseller hamletiano, en un claro mensaje de complicidad con los sectores moderados. La autoridad de Pascal en el PDECat es una de las claves importantes de los próximos meses. 

Sustituye a Baiget el intuitivo Santi Vila, hombre de cromatismo fosforescente. Vila se ilumina en soberanista cuando el ambiente oscurece y adopta tonos más fríos cuando el co- ro independentista se enardece. El núcleo está recalentado, eso parece evidente. Y el Gobierno de España añade que la periferia soberanista se está enfriando. Así lo ve y así necesita verlo. La encuesta publicada este fin de semana por La Vanguardia ofrece algunos contrastes más. 

Se confirma la variedad cromática de la sociedad catalana. Un 54% dice que iría a votar en la convocatoria unilateral del 1 de octubre, pero un 58% preferiría una consulta acordada. Un 71% quiere que se someta a referéndum la independencia (cuatro puntos menos que en la encuesta de abril), pero el 57% cree que la mejor solución sería una reforma o reinterpretación de la Constitución. Un 42% votaría sí a la independencia, pero sólo un 11,9% (el doble que en abril) cree que la secesión vaya a producirse. 

Se observa en la encuesta un fuerte deseo de protesta, por encima del contradictorio cruce de temperaturas y tonalidades. El oficialismo español está en horas bajas después de los últimos escándalos en Madrid –subrayados por la moción de censura de Podemos– y de su clamorosa derrota en las primarias del PSOE. Un viento antigubernamental recorre toda España, y Catalunya siempre ha sido un gran condensador de la protesta política. El 1 de octubre puede convertirse en un gigantesco acto de protesta contra el quietismo violáceo del Gobierno Rajoy


(*) Periodista




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